En su entrevista del 23 de septiembre pasado al periódico The New York Times (NYT), que se vio excesivamente acrítico y dúctil, el polémico primer ministro canadiense, Mark Carney, expuso su "visión para resquebrajar la dependencia de Canadá de Estados Unidos", en la que admite su 'tensa' relación con Trump.
La ductilidad acrítica del NYT quizá se deba a su conspicua afinidad política con el rusofóbo partido demócrata, en particular, con el grupo 'woke' de los Clinton (Bill y Hillary) y Obama.
El otrora exitoso —dentro del modelo de la globalización 'financierista' anglosajona— exgobernador central, banquero globalista Mark Carney, tanto en Canadá como en Gran Bretaña—en la fase de la grave crisis noratlántica de 2008—, confesó que el año pasado se preparó para el "extremo riesgo de cola" —una definición estocástica muy socorrida para el 'manejo de riesgo' de los 'financieristas' globalistas—, de que Trump "pudiera ordenar una acción militar contra Canadá".
Mark Carney opera como si Canadá fuera un vulgar 'paquete bursátil' y no un país hecho y derecho, donde exhibe su carencia de visión de un gran estadista, al estilo de Vladímir Putin y Xi Jinping, y se olvida de la verdadera situación geopolítica del planeta y, en particular, del país que gobierna, al no asimilar el concepto nodal de 'estabilidad estratégica' en la Era Nuclear, que manejan las tres superpotencias: Rusia, China y Estados Unidos.
Mark Carney expone que estaba "reduciendo sistemáticamente la dependencia de Canadá a EE.UU. en las tecnologías de punta —satélites en el espacio a jets de combate"— con el fin de "hacer que su país sea menos vulnerable a las amenazas de Estados Unidos".
Después de que Canadá, con el ex primer ministro Justin Trudeau, obedeciera las instrucciones del expresidente de Estados Unidos Joe Biden, para acorralar a Huawei —llegando hasta a encarcelar a la hija de su principal accionista—, ahora Mark Carney fomenta la "profundización económica" con China, lo cual es hoy anatema para Trump.
La entrevista, muy a modo del NYT, duró una hora. Es curioso que Mark Carney, de 61 años, haya acudido a las oficinas del rotativo en Manhattan, que suele festejar sus posturas anti-Trump y alaba que "en el mundo otros líderes ven en él el modelo de tratar con un poco confiable y errático aliado (léase: Trump)".
El NYT se equivoca al desinformar que la ruptura del cordón umbilical de Canadá con EE.UU. en la época de Trump inició en el globalista Foro Económico Mundial en Davos este año, cuando, en realidad, el primer ministro canadiense empezó su ruptura en la cumbre del G20 en Sudáfrica, a la que no asistió Trump. Carney proclamó que "la economía Mundial puede prescindir de EE.UU." durante la cumbre del G20 en Johannesburgo (Sudáfrica). ¡La ruptura del mundo anglosajón, para no decir 'guerra civil', es cosmogónica!
Mark Carney perora mucho que su política ahora consiste en 'diversificar', cuando es notorio que se trata de la condensación del nuevo disfraz 'financierista' de los globalistas de la anglósfera y su sede en la City de Londres.
Una de las políticas 'comerciales' de Mark Carney consiste en explotar la potasa —Canadá es la mayor reserva del mundo— que "hoy provee casi 90 % de toda la potasa, principal ingrediente para los fertilizantes, importada por EE.UU.". Agrega "potencialmente a México" para acceder a la potasa canadiense. En efecto: se ha notado gran sincronía y afinidad entre los presentes Gobiernos de Canadá y México.
Por cierto, Trump también contempla sustituir la potasa de Canadá con la de Bielorrusia.
Viene la parte sensible de la entrevista teledirigida que delata los límites geoestratégicos de Carney en referencia al "60 % de todas las importaciones de petróleo a Estados Unidos provenientes de Canadá", así como "fuente de electricidad para los hogares estadunidenses y la industria".
Mark Carney critica sin ambages la "reticencia de Musk (nota: mandamás de Starlink) para proveer a Ucrania de datos que le permitirían golpear partes de Crimea y Rusia".
Aquí se desprende que la orientación del grupo 'financierista' globalista de 'medianas potencias' prosigue la rusofobia congénita de Gran Bretaña y sus vasallos y/o aliados, para no decir la City de Londres, que controla la alicaída anglósfera mediante su nuevo grupo P4M ('Partners for Multilateralism': 'Socios por el Multilateralismo', en español).
Un día antes a la fundación del P4M, fue publicado un artículo cuatripartito al que le dio mucho vuelo el rotativo globalista británico Financial Times, de Mark Carney, con Lula, de Brasil, António Costa, presidente del Consejo Europeo, y William Ruto, presidente de Kenia.
En paralelo, debido al acercamiento cada vez mayor de Canadá con la Unión Europea —en la fase de la debacle electoral y financiera de los globalistas en Alemania, Francia y Gran Bretaña—, Canadá "está revisando un pedido previsto de 88 (sic) aviones F-35 de Lockheed Martin y también está considerando una contrapropuesta para adquirir cazas Gripen de la empresa sueca Saab".
Muy cómodo, Mark Carney no aborda para nada al NORAD (Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte), el ojo de vigilancia satelital conjunta de Estados Unidos y Canadá, del que fue expulsado México en la fase Biden.
El acercamiento de Canadá con la Unión Europea cada vez es mayor y NYT lo resume y rezuma al señalar exquisitamente que Mark Carney "desea usar el presupuesto de defensa de Canadá, recientemente reforzado, que se destinará a la adquisición de aeronaves que tengan un buen desempeño en el Ártico", donde vuelve a brotar su congénita rusofobia, al unísono de la Unión Europea, Gran Bretaña y la OTAN, que pretenden erosionar la alianza geopolítica-geoeconómica de Rusia y China en el polo Norte.
Una gran prueba la tendrá el 'trumpófobo' y al mismo tiempo rusófobo Mark Carney el 19 de octubre, cuando la superestratégica provincia de Alberta —corredor geoeconómico petrolero que se conecta con Estados Unidos— se pronuncie en una primera consulta por su secesión de Canadá y su consecuente adhesión catastral a Estados Unidos.



