EE.UU. tendrá que enfrentarse a "elecciones difíciles" sobre dónde mantener su presión militar en el mundo debido al fuerte desgaste de sus municiones durante su agresión contra Irán, informa este jueves The New York Times citando a fuentes familiarizadas con el asunto.
El medio indica que esta escasez ha dejado a sus fuerzas regionales menos preparadas para enfrentar adversarios como Rusia y China, obligando a Washington a ser selectivo en sus operaciones militares.
Desde el inicio de la guerra a finales de febrero, Estados Unidos ha consumido alrededor de 1.100 misiles JASSM-ER de largo alcance, más de 1.000 Tomahawk (diez veces la adquisición anual), más de 1.200 interceptores Patriot (a más de 4 millones de dólares cada uno) y más de 1.000 misiles Precision Strike y ATACMS, dejando los inventarios en niveles preocupantemente bajos.
El conflicto también ha puesto de manifiesto la dependencia del Pentágono de misiles y municiones excesivamente caros, especialmente interceptores de defensa aérea, así como la preocupación sobre si la industria puede desarrollar armas más baratas, en particular drones de ataque, con mucha mayor rapidez.
El medio indica que el gasto de la agresión estadounidense a Irán oscila en los 1.000 millones de dólares diarios. "Al ritmo actual de producción, reconstituir lo que hemos gastado podría llevar años", declaró el senador Jack Reed. Expertos como Mark Cancian, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), con sede en Washington, han advertido que el elevado gasto "crea riesgos para EE.UU. en otros escenarios, particularmente en el Pacífico Occidental".
Sin embargo, y a pesar de estos reportes, figuras como Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, han afirmado que "toda la premisa de esta noticia es falsa" y que EE.UU. posee "un arsenal más que suficiente" para sus operaciones, mientras el Pentágono sigue en búsqueda de nuevos fondos del Congreso estadounidense para activar una producción ampliada.


