Anastás Mikoyán ascendió a las más altas esferas del poder bajo el mandato del fundador de la URSS, Vladímir Lenin y sobrevivió hasta su jubilación bajo el de Leonid Brézhnev que llegó al poder en 1964. Fue el único miembro del 'areópago' —el buró político del PCUS— que permaneció en el cargo de un 'Ilich' (Lenin) al otro (Brézhnev), sorteando sucesivos líderes y políticas sin caer jamás bajo la aplanadora de la represión estalinista.
Un chiste popular de la época retrata su personalidad: "Llueve fuerte. Mikoyán tiene que correr diez metros desde la entrada del edificio del Comité Central hasta su coche. '¡Lleve un paraguas, Anastás Ivánovich!' 'No te preocupes, correré entre las gotas'".

En la memoria de los exciudadanos de la URSS, Anastás Mikoyán se asocia principalmente con el sector de la hostelería, la implantación de las normas estatales GOST para los productos, la famosa enciclopedia culinaria —el 'Libro de la Comida Sabrosa y Saludable'— y los helados y embutidos soviéticos.
Como comisario del Pueblo de Comercio, trajo tecnologías e ideas de Estados Unidos para la producción masiva de productos enlatados, hamburguesas, helados y copos de maíz. Durante la Gran Guerra Patria, abasteció a Leningrado bajo asedio. Incluso salvó al mundo de la Tercera Guerra Mundial al encontrar la única solución sensata a la Crisis de los Misiles de Cuba.
Pero detrás de esta 'revolución culinaria' y otros logros suyos se escondían difíciles compromisos y decisiones de las que dependía el destino de millones de personas. El descendiente de una pobre familia armenia ocupó altos cargos durante más de 40 años. Su carrera fue truncada por Leonid Brézhnev, quien no perdonó a Mikoyán por su apoyo a Nikita Jruschov en octubre de 1964.

Infancia y el contexto histórico
En otoño de 1895, un niño llamado Anastás, o más exactamente Anastás Avanésovich Mikoyán, nació en el seno de una familia armenia pobre en el pueblo de Sanahín. Durante la era soviética, su patronímico se convertiría en Ivánovich.
El propio Mikoyán dejó memorias sobre su entorno: incultura, opresión y falta de derechos por doquier. Solo el sacerdote del monasterio local sabía leer y escribir. Sus padres no sabían leer ni escribir, así que cuando surgió la posibilidad enviaron a su hijo a la escuela local.
Luego pasó a estudiar a un seminario teológico para armenios en Tiflis (actual Tbilisi). Otro seminario conocido, el ortodoxo, funcionaba en la misma ciudad para georgianos. Curiosamente, años atrás, en el seminario georgiano estudiaba otro niño llamado Iósif Dzhugashvili, aún no como Stalin.

Allí, viviendo en la casa de sus familiares, conoció a la hermana de su anfitrión, Ashjén Tumanián, quien sería su esposa durante toda la vida, y a su hermano, Gaik Tumanián, que años después, durante la invasión nazi, se convertiría en un general que lideraría el movimiento guerrillero en la retaguardia enemiga en el frente noroeste. Mikoyán era un buen estudiante, incluso daba clases particulares a compañeros con dificultades y ganaba dinero extra. Sin embargo, discutía constantemente con los maestros sacerdotes, lo que le valió el apodo de 'Ateo' entre sus compañeros.
Durante sus primeros años hablaba armenio y aún no sabía ruso. Más adelante aprendería ruso, georgiano, azerbaiyano, alemán y francés.
Voluntario del Frente Caucásico
Al estallar la Primera Guerra Mundial, Anastás se alistó como voluntario y combatió en el frente caucásico contra Turquía. En 1915 fue evacuado junto con otros enfermos y heridos e ingresó en un hospital. Allí, Mikoyán leyó a Lenin y Plejánov y se fascinó cada vez más por las ideas comunistas. Recordó que, de hecho, entendía poco del primer volumen de 'El Capital' de Karl Marx. Más tarde lo leería en el idioma original, alemán.

Inició su carrera política en Bakú, donde, tras la Revolución de Febrero, participó activamente en la propaganda del partido bolchevique y fue elegido miembro del Soviet local. Mikoyán es el 27.º comisario que sobrevivió a la ejecución de los 26 comisarios de la Comuna de Bakú tras la caída de este gobierno.
Escapó de la ejecución 'por error': no fue incluido en la lista de fusilados porque no había sido encarcelado con los demás en la prisión de Bayil, donde el excomisario del pueblo para Asuntos Militares y Navales, Grigori Korgánov, compiló una lista de nombres para la distribución de alimentos.
El lado oscuro de su labor
En verano de 1926, Mikoyán asumió el cargo del comisariado del Pueblo (ministro) para Comercio Exterior e Interior. El comisario más joven del país tuvo que enfrentar asuntos serios: para la industrialización, el país necesitaba divisas, que se preveía obtener mediante la exportación de pieles, productos petrolíferos, madera y cereales.
En su primer año en el cargo, Mikoyán organizó el Comisariado del Pueblo de Comercio para que el comercio exterior generara superávits. Esta labor tuvo su lado oscuro: supervisó la venta de tesoros de museos al extranjero para reabastecer el presupuesto. El comercio era dinámico y muchos en el mundo deseaban adquirir obras rusas. Según las estadísticas oficiales, para 1928 se habían exportado desde la URSS aproximadamente 900 pinturas, grabados, objetos de arte y antigüedades de valor incalculable.

"El helado para ti es más importante que el comunismo"
Durante muchos años, Mikoyan supervisó el comercio y la industria alimentaria. Su contribución al desarrollo del sector está inmortalizada en el nombre de una famosa planta procesadora de carne de Moscú (algunos creen erróneamente que la planta lleva el nombre de su hermano, el diseñador aeronáutico Artiom Mikoyán).
En la década de 1930, Mikoyán viajó a Estados Unidos para aprender de sus experiencias. Allí conoció personalmente las tecnologías avanzadas en producción masiva de alimentos y degustó salchichas, conservas y productos precocidos. Regresó inspirado, trayendo consigo tecnología para la elaboración industrial de pan y helado, así como jugo de tomate, que hasta entonces apenas se consumía en la URSS.
Al otro lado del océano, Mikoyán 'se enamoró' de las hamburguesas que se vendían en casi todas las esquinas, y soñó con crear algo similar en la URSS. Así nació la legendaria chuleta Mikoyán, aunque su pan nunca llegó a popularizarse.
A su regreso de EE.UU., varias tecnologías estadounidenses se recrearon en la URSS. El instituto de desarrollo de tecnologías de procesamiento de carne Guipromiaso inició sus operaciones en Moscú. Las tecnologías de congelación adoptadas resultaron especialmente importantes. Fue entonces cuando se inició la producción de helados con la tecnología estandarizada a escala nacional.

Sin embargo, la propuesta de Mikoyán de lanzar la producción de refrigeradores domésticos fue inicialmente rechazada por Stalin (la producción masiva de refrigeradores comenzó solo después de la Segunda Guerra Mundial), quien argumentó que los inviernos en Rusia ya eran largos.
Quizá el mejor recuerdo de la calidad de los productos soviéticos para muchos rusos actuales sea el helado. Posiblemente sea una anécdota: en una reunión del buró político, tras el informe de Mikoyán sobre el helado, Stalin le dijo "Parece que para ti, Anastás, el helado es más importante que la construcción del comunismo".
No obstante, Stalin alentó la iniciativa de Mikoyan de construir plantas empacadoras de carne modernas en todo el país. La aparición masiva de plantas procesadoras permitió la transición de las industrias artesanales a una industria de ciclo cerrado.
Mikoyán como persona
"Anastás Ivánovich era un hombre muy patriarcal: una familia numerosa, parientes, nietos, hijos, abuelas; todo el clan debía estar unido", recordó Nami, su nuera. "Era atento y estricto en la crianza de sus nietos, dedicando todo su tiempo libre a ello".
En cada vacación, llevaba a sus numerosos hijos, junto con su niñera, a Pitsunda o Crimea. Allí, donde les inculcaba disciplina y valentía, les enseñaba a zambullirse en el mar, a nadar, a convivir en armonía y a comer sin caprichos todo lo que les daban.
No es casual que, a diferencia de otros líderes del partido bolchevique, sus hijos se convirtieran en hombres muy válidos. Su hijo mayor, Stepán, fue veterano de guerra, conocido piloto de pruebas y héroe de la URSS. Su otro hijo, Sergó Mikoyán, fue un destacado historiador y experto en América Latina, redactor jefe de la revista América Latina durante la Guerra Fría.

Como hijo mayor de la familia, a menudo le pedían consejo. Alguien le preguntó una vez cómo educar a los niños. "Es necesario enseñarles a ver y amar la naturaleza, los animales y las plantas", respondió.
Como muchos en la cúpula soviética, Mikoyán sufrió pérdidas personales durante la guerra: su hijo Vladímir murió en la batalla de Stalingrado, y otros dos —Stepán y Alexéi (padre del músico ruso Stas Namin)— resultaron gravemente heridos. Los tres eran pilotos.
Gestor de crisis políticas
Tras la guerra, Stalin apartó ostentosamente a Mikoyán del círculo íntimo. Ya no lo invitaban, por ejemplo, a las proyecciones de nuevas películas en el cine del Kremlin.
Años más tarde, en el XX Congreso del Partido, Jruschov comentó que, si Stalin hubiera vivido más, los días de Mikoyán y de otro gigante caído en desgracia, Viacheslav Mólotov, habrían estado contados.

El propio Anastás Ivánovich creía que la actitud del líder hacia él había empeorado drásticamente tras atreverse a discrepar de una de sus decisiones. Admitió que a diario esperaba ser arrestado, aunque no lo demostraba en público.
Mikoyán fue entonces el primero en condenar el estalinismo. El desprestigio del culto a la personalidad está firmemente asociado al nombre de Jruschov, pero fue Anastás Ivánovich quien lo inició, como lo demuestran los diarios del historiador Serguéi Dmítriev, donde se discute el discurso de Mikoyán en el XX Congreso, publicado en la prensa.
En los años posteriores a la muerte de Stalin, Mikoyán se convirtió en una especie de gestor de distintas crisis: viajó a Belgrado restablecer relaciones con Yugoslavia; a Budapest para distender las tensiones por la sublevación anticomunista húngara en 1956; y a la ciudad de Novocherkassk, donde los trabajadores locales organizaron una huelga masiva en 1962 por el aumento de los precios de la carne y las salchichas.
Cuba: la misión más importante de su vida
En otoño de 1962, Mikoyán asumió la que quizá fue la misión más importante de su vida: resolver la Crisis de los Misiles de Cuba, provocada por el despliegue de misiles soviéticos en la isla.

En plena crisis, Jruschov —temeroso de perder el control de los acontecimientos cuando Fidel Castro, excluido de las negociaciones entre las superpotencias, comenzó a distanciarse de Moscú— envió a La Habana a su camarada de más confianza, su viceprimer ministro Anastás Mikoyán.
Aceptó esta misión en un momento complicado para su familia: su esposa estaba gravemente enferma, pero él sintió que era su deber acudir y comprendió lo arriesgado de la situación para el mundo entero.
En plenas conversaciones con el líder cubano, su querida Ashjén falleció en Moscú. Mikoyán envió a su hijo Sergó (quien le acompañaba en Cuba) al funeral y él permaneció en la isla, explicándole: "No puedo interrumpir un asunto tan importante".
Finalmente, sus esfuerzos dieron resultado: gracias a su mediación, se evitó la Tercera Guerra Mundial.
Fin de su carrera política
Cuando Jruschov fue destituido en octubre de 1964, Mikoyán fue el único que defendió al líder saliente y sugirió dejarle al menos el puesto de jefe de gobierno para no desacreditarse: "De lo contrario, resulta que ayer el líder fue elogiado, y hoy lo estamos calumniando por nada".

Dos meses después, Mikoyán dio otro paso que irritó a Brézhnev, a quien profesaba un profundo desprecio personal (según su hijo Sergó y Nina Kadolo, quien trabajo con él durante 30 años): llamó a Jruschov para desearle Feliz Año Nuevo.
Según Nina Kadolo, Brézhnev se deshizo de Mikoyán paso a paso: en diciembre de 1965 fue destituido de su cargo como presidente del Sóviet Supremo (el Parlamento soviético) y, en marzo de 1966, fue expulsado del buró político.
Todo parecía normal; el propio Mikoyán había dicho repetidamente que se jubilaría a los 70 años. Pero la premura con la que dimitió —inmediatamente después de su aniversario— levantó sospechas de que el Kremlin simplemente esperaba la oportunidad adecuada.

El 21 de octubre de 1978, Mikoyán falleció en Moscú a causa de una neumonía, un mes antes de cumplir 83 años.
Al inicio de la 'perestroika', Mijaíl Gorbachov planteó a sus camaradas la posibilidad de publicar un artículo en honor al 90.º cumpleaños de uno de los comisarios de Pueblo de la época de Stalin (cuyos crímenes acaba de denunciar). Ante la falta de unanimidad, Andréi Gromyko, el último veterano del buró político, insistió en la publicación, recordando el papel de Mikoyán durante la Crisis de los Misiles de Cuba.







